Reflexión sobre cobrar en los cursos

Los cursos que hago son gratuitos.

¿Por qué?

Primero porque tengo un trabajo con el que me gano la vida y no necesito ese dinero para vivir.

Segundo porque los cursos que hago creo que son un beneficio para las personas que lo reciben y pueden ayudarles a estar mejor, al menos un día, aunque me gusta pensar que ese bienestar se traslada a muchos de los días de su vida…, y hay personas que si los cobrase no podrían venir.

Tercero porque no quiero cobrar.

Aún así, en los cursos siempre pongo un cofre y digo lo mismo: “aquí está este cofre por si queréis dejar un donativo para ayudarme con los gastos del curso”.

¿Qué gastos son estos?: desplazamiento, alojamiento, comidas, etc.

Con el dinero que donáis, de forma voluntaria y anónima, hago lo siguiente: cojo el dinero que me he gastado en la organización y práctica del curso; el resto lo guardo con el objeto de poder ayudar a los demás: a veces pago “los gastos del local” de alguna persona en algún curso, en otras doy dinero a quién creo que lo puede necesitar, ahora estoy pendiente de ayudar a personas que quieren hacer el curso de terapia de los Esenios en un retiro y tienen dificultades económicas,… estaba guardándolo con el ánimo de crear en el campo un lugar al que quiero llamar

“La Casa del Reiki” (¿os suena?), pero ¡todo llegará!: primero lo urgente e importante, luego lo que tenga que venir,…

 

 

SOBRE LOS AMULETOS

SOBRE LOS AMULETOS

A lo largo de toda la historia de la Humanidad, el hombre ha creído que había objetos que tenían el poder de generarle protección: la cruz, la pata de conejo, fotografías, cristales, piedras, colgantes… cada cultura ha contribuido a esta tan arraigada creencia con sus peculiaridades..

Un amuleto, también llamado talismán, es un objeto al que le damos el poder de protegernos o de atraer la buena suerte.

¿Por qué necesitamos un amuleto? ¿Para qué necesitamos un amuleto?

Lo necesitamos para sentirnos protegidos. Lo necesitamos porque no confiamos en nosotros mismos.

Hemos creado una necesidad que, suponemos, no somos capaces de satisfacer por nosotros mismos. Necesitamos protección frente a problemas, personas,adversidades, muerte y enfermedades, y ¡tantas otras cosas!

Hace mucho tiempo que digo que cuando una persona vibra en frecuencias muy altas no necesita protección.

Y no la necesita porque los problemas y las adversidades dejan de serlo para convertirse únicamente en una experiencia de vida, ni mala ni buena, sólo una experiencia que tienes que vivir para conocerla.

No la necesitas porque cuando tienes esa vibración no pueden alcanzarte las maldades de baja vibración: es como el agua y el aceite que no pueden mezclarse.

No la necesitas porque ya no existe el apego, la necesidad imperiosa de tener “algo” que te de seguridad. Tú eres la seguridad. Tú eres la confianza. Tú eres la fe. ¿Qué sentido tiene, entonces, una pata de conejo o la foto de un santo?

Ya no tienes apego a nada. Sabes que un objeto no tiene el poder de protegerte frente a lo que tiene que venir.

Entonces, ¿un amuleto no sirve de nada?

Sí. Sirve. En la medida en que tengas fe en su poder. No es el amuleto: ¡es la fe!

¿Qué es la fe? La certeza, total y absoluta, donde no cabe duda alguna, de que algo es como es.

La fe mueve montañas y puede protegerte del peor de los riesgos; pero ¿cuántos de vosotros tenéis fe?… ¡Muy pocos!

La fe es difícil de obtener porque siempre nos queda un resquicio a la duda, y esa pequeña oquedad quiebra la fe mas decidida.

Te animo a que eleves tu nivel de vibración practicando la meditación y el amor incondicional.