El bien y el mal.

La luz y la oscuridad.

 

Negativo y positivo.

¡La dualidad!

Desde que el hombre es hombre ha vivido en ese estado de dualidad creado desde la mente para entender el entorno, para darle forma.

Primero fue uno, luego dos, …

Uno es el principio, el origen, de donde todo surge, donde converge.

La unidad es dios, el principio.

¿Por qué entonces vivir en la dualidad?

El bien y el mal sólo son una creación de la mente humana. Sólo existen cuando nos empeñamos en creer que están ahí.

No existen el bien y el mal.

No existen la luz y la oscuridad.

No existe la lucha entre ejércitos de luz y oscuridad. Sólo es una confusión más de nuestras mentes, generada desde el miedo.

Tomar posición en uno de estos supuestos ejércitos es vivir en la distopía.

Sólo existe la vibración y esta puede oscilar. Vivir en una frecuencia baja te hace ver el mundo desde la mente egoíca. Elevar tu nivel de vibración consigue vislumbrar un mundo diferente.

En la primera vives en el miedo, hacia el bien o el mal es indiferente, te anclas en el miedo y creas enemigos ficticios que existen en tu mente y consigues hacerlos reales. No puedo decir que no existen porque les estás dando forma y poder con tu mente.

Según elevas tu nivel de vibración el miedo se convierte en un recuerdo que aún aparece de cuando en cuando, hasta que seas capaz de vibrar en una frecuencia tan alta que el miedo se quede estancado en tu pasado, en algo que existió y que ha dejado de tener valor.

Ahí eres capaz de entender que todo es una ilusión, que lo has creado porque creías que existía.

Entonces te sonríes a ti mismo como lo haces a un niño que descubre que una pompa de jabón se rompe cuando la toca.

Ahí es la unidad, la no mente, la comprensión de la mentira que hemos creado.

… ¡Y ahí sonríes!